Hace algún tiempo me indignó que al tratar de ver una película de DVD me tuviera que tragar un insufrible anuncio en el que podíamos ver como un vándalo, bate en mano, rompía los cristales de un coche con la intención de apoderarse de lo que pudiera econtrar en su interior. Con este más que cuestionable anuncio trababan de convencernos (a los usuarios que habíamos adquirido el dvd) que cualquiera de nosotros que hace clic en un enlace desde su casa es un delincuente desaprensivo y violento.
Me molestó mucho que un producto por el que había pagado me obligara a ver un anuncio tan tendencioso. Y digo obligar porque mientras duró el mismo no hubo manera de que los controles de navegación habituales de mi reproductor funcionasen debidamente.
Con el tiempo me olvidé de este asunto, pero hace unos días la televisión se ha encargado de recordármelo con un nuevo reclamo en contra de la mal llamada piratería en la que bajo el lema seamos legales nos muestra a un elegante caballero rayando con su llave la pintura de un vehículo de lujo.
¿Qué justificación hay para que la Administración gaste el dinero de los contribuyentes en campañas tan absurdas como ineficaces?
Nuevamente todos somos culpables y determinadas organizaciones sin ánimo de lucro se enriquecen a costa del contribuyente.
Pagamos los anuncios ofensivos de las películas que compramos, pagamos un canon abusivo por si en nuestro disco duro tuviéramos material pirata, pagamos las campañas antipiratería que el Gobierno regala a las mismas organizaciones privadas que recaudan un impuesto injusto...
Me pregunto, ¿quiénes son los delincuentes?
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