Hay quien piensa que pensar positivo es el fin de la tarea, cuando en realidad es sólo el comienzo. Pensar positivo es imprescindible para llevar a buen término nuestros proyectos, pero no significa que éstos se hagan solos. A una persona le proponen dar una conferencia sobre un tema que conoce para dentro de un mes. Por su cabeza desfilan una serie de imágenes desagradables. Se imagina con la mente en blanco delante de su público, con sus papeles ante un auditorio vacío, tartamudeando mientras decenas de personan se mofan divertidas... ¿Aceptará la oferta?
La misma propuesta se le hace a un optimista "insensato". Inmediatamente se ve a sí mismo interrumpido en su disertación por los aplausos de los asistente, firmando autógrafos, entrevistado en televisión. Acepta la oferta y espera alegremente al día señalado. Llegado el momento,... fracasa. ¿Por qué? Porque el pensamiento positivo, por si sólo, no es suficiente.
El pensamiento positivo es un recurso de gran importancia. Nos prepara para emprender acciones concretas que culminarán en la consecución de nuestros objetivos, pero no hace nuestro trabajo. Un optimista "sensato" se visualizará preparando la conferencia, hablando con fluidez ante un público entusiasmado; pero sabe que sólo ha dado el primer paso. Dedicará el tiempo necesario a prepararse para la misma y obtendrá éxito gracias a su esfuerzo y talento.
Está claro que si pensamos de forma negativa, ni siquiera encontraremos energía para iniciar nuestra empresa; pero si entendemos el optimismo como una varita mágica que nos conducirá al éxito sin esfuerzo, todavía será peor. El pensamiento positivo estendido como una superstición, no funciona. El pensamiento positivo debe ir seguido de la acción positiva y la adecuada combinación de ambas nos ayudará de forma decisiva a conseguir nuestros propósitos. ¿Por qué el pensamiento positivo no funciona? La respuesta es simple: el pensamiento positivo no funciona cuando no se usa bien.
| < Prev | Próximo > |
|---|

















