Es raro que al hablar de fotografía no salga a relucir más temprano que tarde el viejo dilema referente al procesado de las imágenes que tomamos. Como siempre, hay opiniones para todos los gustos a la hora de decantarse por un sí o por un no. Incluso hay quien piensa que no es posible dar una respuesta taxativa a esa cuestión.
Ahora bien, aunque todas estas opiniones son respetables hay argumentos que se caen por su propio peso y, en este caso, el no categórico no tiene cabida. La razón es bien sencilla, no existe fotografía sin postprocesado debido a que:
Yo creo que la fotografía tiene dos etapas bien diferenciadas, complementarias e inseparables: el trabajo de campo, es decir, todo el proceso que nos lleva disparar una toma y el procesado posterior que siempre se hace.
Este procesado también se da con la analógica. Virados, reservas, baritados por poner sólo algunos ejemplos, son palabras conocidas para quienes revelan o revelaban sus propias fotografías. Con la limitación que disponer de un equipo de revelado tradicional no está al alcance de cualquiera y no digamos si queremos trabajar en color.
Con todo lo anteriormente expuesto creo haber dejado claro que el postprocesado no es una opción, sino una parte inherente al proceso fotográfico. Por consiguiente cuanto antes aceptemos y dominemos el postprocesado más fácilmente llegaremos a conseguir la foto 10 o como decimos los aficionados medio en serio medio en broma el fotón.
Lo difícil es delimitar cuando el postprocesado es una mejora de la fotografía y cuando se trata de un trabajo creativo diferente. Si tengo la foto perfecta excepto por un cielo insulso ¿es una mejora tolerable que lo sustituya o entraríamos en lo que es un montaje?
Por cierto, en los tiempos del carrete también se hacían montajes y se sustituían cielos.
| < Prev |
|---|


















