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Grupo, motivación y el efecto Pigmalión

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Foto grupoEn un aula tenemos de forma simultánea una serie de individualidades (cada alumna o alumno como persona aislada) y el grupo. En primer lugar es necesario conocer las características del alumnado, de cada individualidad. Necesitamos saber cuáles son los intereses de cada persona, sus pretensiones y posibilidades para poder motivarla y potenciar sus habilidades innatas. También necesitamos conocer sus limitaciones para ayudar a superarlas teniendo en cuenta que, muchas de ellas, están sólo en su mente y hay que mostrárselo para que sean superadas.

En relación al grupo, es imprescindible que analicemos su inteligencia interpersonal que va a determinar la destreza de cada individuo para integrarse dentro de él. El grupo tiene su propia personalidad, distinta a la de cada individuo, pero no ajena a ellos. Entre la persona y el grupo se produce una ósmosis de manera que el individuo influye en el grupo y viceversa. Por ese motivo tenemos que conocer al grupo y saber tratar su especial personalidad, sin caer en estereotipos y sin olvidarnos de la “complicidad” entre este y cada uno de sus miembros.

La motivación del alumnado se basa siempre en lo mismo: crear expectativas de éxito y hacer del proceso de aprendizaje una experiencia placentera, pero no exenta de esfuerzo. Si nos enfrentamos a una tarea con el convencimiento de no tener ninguna posibilidad de terminarla con éxito, de seguro que no la iniciaremos.

Si el proceso de aprendizaje no nos supone el menor esfuerzo nos aburrimos y abandonamos, del mismo modo nos rendimos cuando el esfuerzo es muy grande y continuado. Debemos distribuir las tareas del aprendizaje de manera que se dosifique el esfuerzo y se vayan completando metas a corto, medio y largo plazo (en relación a la duración de nuestro curso).

Pigmalión y GalateaEl Efecto Pigmalion tiene dos vertientes una negativa y otra positiva. En nuestra mano está no caer en la negativa y potenciar la positiva. Si a una persona le mostramos nuestra confianza y nuestras expectativas de éxito en sus tareas, tratará de hacer realidad las esperanzas que hemos puesto en ella: “cría fama y échate a dormir”.

Pero el efecto Pigmalion, incluso en su vertiente más positiva, tiene un fallo: depende de un factor externo, depende de la persona que es capaz de infundir dichas esperanzas o expectativas. La solución está en pensar y enseñar a pensar de manera positiva. Pensar de manera positiva consiste en "autocrearnos" una serie de perspectivas de éxito y obrar en consecuencia. Tiene la ventaja de que no depende de terceros: la llave del éxito está en nuestra mano. Para obtener éxito en esta empresa deben confluir el uso de imágenes mentales y un lenguaje positivo.